Los elfos de la noche

Los elfos nocturnos actuales son los supervivientes y descendientes de aquellos que se posicionaron en contra de la magia arcana y los demonios durante la Guerra de los Ancestros. Originalmente designaba a todos los elfos que habitaban alrededor del Pozo de la Eternidad, pero la diferencia de estatus que significó el uso de magia y la cercanía con la reina Ashzara causó que el término fuera mucho más excluyente. Los acontecimientos de la guerra y el cataclismo resultante causaron que los kal'dorei se organizasen de forma segregada, algo que sigue muy presente en la actualidad. Los oficios y responsabilidades de los hombres están ligados al druidismo, la artesanía, la construcción, las labores domésticas y la caza. Las mujeres, por otro lado, tienen un rol de mayor responsabilidad y decisión: son las únicas que pueden entrar en el ejército como centinelas y también las únicas que pueden ordenarse al sacerdocio de Elune, culto que gobierna todo el territorio kal'dorei. Los hombres también pueden ser sacerdotes, pero sólo de Malorne, consorte de Elune. Su culto es secundario y supeditado al de Elune en todos los aspectos.

Todo esto se debe a la falta de hombres tras la Guerra de los Ancestros. Las mujeres kal'dorei estaban muy vinculadas al sacerdocio de Elune, mientras que los hombres conformaban el grueso de druidas, ejército y milicia. Entre las bajas del cataclismo y la guerra -que lógicamente fueron más importantes en la soldadesca- y los druidas que tuvieron que sumirse en el Sueño Esmeralda hubo una población enormemente descompensada entre mujeres y hombres. Para repoblar y reconstruir, los hombres fueron demasiado valiosos como para exponerlos demasiado a peligros. Cuando esta diferencia de proporción se hubo solventado sobrevivió esta dinámica. La inmortalidad de los kal'dorei hizo que las centinelas, sacerdotisas y artesanos perfeccionaran tanto su arte que acabó por parecer una estupidez hacer ningún cambio. Aún así, la voz y el trabajo de los hombres se tienen en una alta estima pese a que en último término sean las sacerdotisas -en base a las enseñanzas de Elune- y los druidas quienes tengan la última palabra.

Duermen durante el día y hacen vida durante la noche, bajo la atenta mirada de su diosa. Su longevidad hace de los hijos de las estrellas un pueblo paciente y reflexivo, que tiene a sus espaldas la experiencia de cientos de vidas humanas pese a conservar la fuerza de la juventud. Un kal'dorei puede tener siglos a sus espaldas, pero aún ser considerado un niño a ojos del resto porque no demuestra la suficiente madurez. Los ritos de paso hacia la edad adulta nunca son iguales, y dependen de lo que necesite la comunidad o el entorno natural en ese momento. De hecho, hay veces que ni siquiera se celebran y se tiene en cuenta el conjunto de acciones y razonamientos que ha tenido a sus espaldas el o la joven en cuestión. Para las mujeres kal'dorei, ese paso se marca con una serie de tatuajes faciales dedicados a un Guardián Ancestral. Para el amor, los kal'dorei tardan incluso siglos en conocerse y considerarse pareja, por lo que sus relaciones son mucho más profundas y sinceras que aquellas que construyen seres que no tienen tiempo que perder.

Los elfos nocturnos tienen un inmenso amor por la vida natural. Viven en asentamientos poco poblados y alejados entre sí, y construidos con madera caída o mediante la manipulación natural del crecimiento de los árboles. Están en continuo contacto con las criaturas inteligentes, como fúrbolgs y lechucicos, que viven cerca de ellos y con quienes suelen intercambiar bienes y favores. Su dieta está construida en torno al equilibrio natural, comen principalmente frutas, verduras y raíces, pero también comen carne y pescado para regular la población animal.
Viven así para reparar el daño que una vez causó a su raza a Azeroth y demostrar su compromiso con los dragones y semidioses que les ayudaron. A cambio, el propio Vallefresno actúa para proteger a los hijos de las estrellas. Mientras los viajeros que se adentran en sus lindes se pierden entre la cambiante frondosidad del bosque, sus ramas y criaturas parecen guiar y abrir paso a sus milenarios guardianes.

Las Centinelas, el cuerpo militar de los hijos de las estrellas, se dedica a la protección de las ruinas, los enclaves y las fronteras, así como escoltar a civiles durante sus viajes pero, a diferencia de lo que suele pasar en otras naciones, no son las encargadas para capturar a criminales e impartir justicia. Aquellos -pocos- que rompen la ley de Elune -mayormente magos, brujos, asesinos y aquellos que agreden a los aliados de los hijos de las estrellas- deben hacer frente a la severidad de las celadoras. Guardianas acorazadas que ajustician o encierran en túmulos a aquellos que cometen actos abominables. Sus habilidades de rastreo, su inquebrantable determinación y su absoluto desprecio por aquellos que insultan a la Diosa las convierten, con diferencia, en el brazo armado más peligroso de los elfos de la noche.