Los elfos de Quel'Thalas

Los quel'dorei son los descendientes de los altonato, magos y nobles que se exiliaron por la persecución que sufrían a manos de los kal'dorei. Antes de marchitarse en silencio y acatar las restrictivas -y a sus ojos, absurdas- leyes de los druidas decidieron cruzar el mar. Acabarían por asentarse en el extremo norte de los Reinos del Este y fundar una nueva civilización bañada por una nueva fuente mágica de poder, el Pozo del Sol. Tanto repudiaban a quienes les expulsaron que construyeron su nueva nación como contraposición a sus valores y tradiciones. Empezaron a vivir de día y a honrar al sol, en vez de a la luna. Tomaron la figura del fénix para representar su renacimiento, y se vestían con los colores del cielo de la tarde: azul y dorado. El propio paisaje y clima se remodeló mágicamente para crear un auténtico paraíso. Los días eran despejados, siempre hacía buena temperatura, la naturaleza adoptaba formas y colores asombrosos, la magia fluía por el aire... El reino de Quel'Thalas acababa de nacer.

Por desgracia, los quel'dorei habían construido sobre territorio sagrado de los trol de bosque, quienes atacaron sin piedad. Los elfos tenían la magia de su lado, pero los trol atacaban con gran ferocidad y eran abrumadoramente numerosos. El recién fundado reino necesitaba aliados, así que mandó diplomáticos al sur con la esperanza de no estar solos. Encontraron a los humanos de Arathor, también enemigos de los trol. A cambio de enseñarles magia, los elfos recibieron la ayuda de los humanos, con quienes forjarían una estrecha alianza. Durante siglos, los elfos lograron mantener a raya a la chusma verde y recluirlos en sus apestosas chabolas. Quel'Thalas floreció. Sus habitantes gozaban de una educación extensa y vivían con todas las comodidades que la magia podía ofrecer. Las escobas, fregonas y trapos cobraban vida y limpiaban calles, hogares y negocios. Las distancias no significaban nada, puesto que se creó un sistema de trasladores por toda la nación. Cada hogar tenía exquisitos manjares. Los elfos vivían en abundancia, a salvo de los horrores y el salvajismo más allá del sur, hasta que esos horrores se presentaron en su puerta tras la Segunda Guerra.

Quel'Thalas está gobernada por la dinastía Caminante del Sol, sabios y respetables gobernantes que cuentan con la admiración y el amor de su pueblo. Son afamados y responsables tejedores de hechizos algo que sirve de ejemplo para el resto. Claro está, "responsabilidad" es un término muy relativo cuando se vivía en una bonanza perenne y se contaba con una serie de hechizos protectores que anulaban cualquier consecuencia extradimensional del uso de hechizos. La gestión del reino recaía (y se sospecha que aún es así) mayormente sobre los hombros de tres facciones. Los Magistri (en su mayoría nobles) supervisan el estado de las ciudades, el comportamiento y eficacia de guardianes arcanos y jardineros. Regulaban la temperatura, adecuaban el clima a festividades, eventos y necesidades de producción...

Tanto dentro como fuera, sacerdotes y magistri hacían funcionar los sagrarios. Se trata de estructuras que canalizan y distribuyen de forma segura y accesible la magia por todo el territorio. Los elfos mezclan la fe en la Luz con metáforas y alegorías sobre su nación, ligada ineludiblemente a la magia, así que los sagrarios también funcionan como templo. Fuera de las ciudades y campos, los forestales evalúan y se ocupan de lo salvaje. Controlan la población animal -que incluye a los trol-, vigilan y defienden las fronteras y elaboran informes sobre el estado del reino. Son arqueros inigualables, y su presencia mantiene viva la influencia natural en el reino. Es importante que las modificaciones, las estructuras y las runas protectoras que establecen los magos no afecte negativamente al equilibrio del ecosistema. Para asegurarse de que no suceda tal cosa los forestales están continuamente recorriendo los bosques. El último poder estatal oficial es el ejército regular, que suele llevar a cabo su labor como guardia de la ciudad con gran eficacia. Cuentan con la ayuda de los guardianes arcanos y los encantamientos de los magistri. El ejército está especializado y bajo un continuo entrenamiento.

La capital estaba otrora protedida por una enorme cúpula de energía arcana, Ban'dinoriel. Perceptible a plena vista como un pequeño fulgor dorado, pero impenetrable. Su magia era alimentada por una serie de piedras rúnicas que extraían poder de las mismas líneas-ley, ocultas mediante potentes y complejos hechizos de ocultación. Es aún un gran misterio el por qué cayó Ban'dinoriel, al menos entre la inmensa mayoría de los refugiados que huyeron de Quel'Thalas. El gran grueso de los refugiados quel'dorei viven en Theramore, pero también hay una fuerte comunidad élfica en Ventormenta. De forma ocasional se les puede ver en territorios del cártel Bonvapor.

Desde la caída de su tierra, y sobre todo tras lo que ellos consideran la traición de la Alianza, los elfos que permanecen en Quel'Thalas se niegan a abrir sus fronteras, e impiden cualquier intento de comunicación de forma feroz. Después de todo, nada que pueda atravesar las Tierras de la Peste puede ser bueno.

Todos y cada uno de los altos elfos viven con sed de magia, que han de saciar con cristales arcanos o meditando. Si se trata de magos, su sed se incrementa cuanto mayor sea su corte de nivel. Por otra parte, sacerdotes y paladines la ven reducida cuanto mayor sea su comunión con la Luz.