El Chamán

Un chamán es todo aquel que maneja los elementos en su forma primordial, es decir, sin recurrir a emular sus efectos mediante otras energías como lo podría hacer un mago. Por chamán se suele entender también a aquel que maneja esas energías por medio de una comunión o trato con los elementos, pero también los hay que roban directamente su poder del plano elemental o que emplean su versión corrupta. Es importante mencionar que los elementos son una fuerza consciente que se manifiesta y comunica con aquellos que están dispuestos a escucharlos.

Ser el chamán más habitual, el del primer tipo, significa que se ha de caminar por un sendero más lento, pero progresando como individuo al aprender las enseñanzas de cada fuerza primordial y ganándose su respeto. Cualquier otro camino significaría esclavizar elementales, convirtiéndose así en enemigo de los elementos.

Esta sección irá enfocada en mostrar cómo un chamán empieza sus andanzas y en describir las fuerzas elementales que le darán poder, así como los instrumentos del chamán para canalizar sus dones.

¿Qué son los elementos?

Los elementos son una serie de fuerzas que representan la materia inanimada del mundo. Hay cuatro: tierra, fuego agua y aire. Los elementales son criaturas vivas, inmortales y conscientes que forman parte de un elemento, Si juntamos a todos los elementales de tierra, por ejemplo, habríamos agrupado al elemento de tierra. Los elementales son presa de sus naturalezas inamovibles, por ejemplo lo que caracteriza a la tierra es la paciencia y la firmeza. Cada elemento tiene, entonces, una serie de perspectivas únicas acerca de Azeroth y cualquier otro mundo del que formen parte, útiles para entender su funcionamiento y cómo se puede ayudar a corregir aquello que esté mal. Los elementales pocas veces se manifiestan en el mundo físico, ya que habitan en un plano distinto que recibe su nombre: plano elemental.
En el momento en el que un elemental se comunica con un chamán sin aparecer físicamente en nuestro plano se le considera espíritu elemental, así que la inmensa mayoría de las veces los chamanes hablan de espíritus, no de elementales.

Los elementos están en un continuo conflicto entre ellos, que se traduce en el mundo físico en cosas como el movimiento de las olas, la lluvia, o la brisa. A medida que su pugna se torna más violenta también lo hacen los fenómenos meteorológicos resultantes, es decir, cuanto más agitados estén los espíritus del aire más fuerte se tornará el viento hasta llegar incluso a haber un huracán. Lo que puede hacer a un elemental agitarse va desde la propia relación entre elementales hasta a la corrupción, captura u ataque a los propios elementales. Es importante mencionar que, pese a que los elementales son inmortales, se suelen volver más poderosos y agresivos con el tiempo, ya que acumulan impurezas y corrupción, su esencia se agita y el resto de elementos acaba por destruirlo. Volvería a formarse en el plano elemental y renacería como un elemental joven, más débil y calmado.

Los elementos tienen mayor facilidad para comunicarse con aquellos chamanes que tengan una afinidad con ellos. Más concretamente con aquellos que tengan una serie de rasgos afines a un elemento en concreto. Un chamán que sea paciente, constante y que medite mucho las cosas antes de actuar seguramente se comunique primero con un espíritu de tierra, mientras que si es impulsivo, temperamental y más propenso a la violencia es posible que perciba antes a un espíritu de fuego. Si el chamán es curioso, independiente, espontáneo y valora su autonomía estará más vinculado al aire, y si es pragmático, adaptable y responsable con sus semejantes gozará antes del favor de los espíritus del agua.

¿Cómo llega alguien a convertirse en chamán?

La forma más habitual por la que un chamán empieza sus andanzas es meditando. Es difícil y requiere una gran paciencia, pero una vez que se llega a poner la mente en blanco la percepción cambia y se podrán oír susurros provenientes del plano elemental. Ahora bien, no todos aquellos que meditan van a escuchar a los elementos.
Los chamanes deben primero tener idea en la cabeza de lo que son los elementos y tener la predisposición mental de querer conectar con ellos, así que es muy importante el papel de los chamanes veteranos en la enseñanza. Suelen empezar con una frase: "Todo lo que existe está vivo", que significa que todo, aunque no lo veamos, tiene una conciencia y resonancia propia en el mundo, para después hacer un ritual cerca de un lugar relevante para los elementos en el que se bebe el sapta. Un sapta es una pócima ritual influida con el poder de los elementos (y, para qué negarlo, alguna sustancia psicotrópica) que beben los iniciados para contemplar de primera mano a qué se refieren sus maestros.

Cuando uno bebe un sapta su cuerpo permanece en el mundo físico incapaz de moverse, pero su mente navega por una quimera entre el plano físico y elemental, viendo a los habitantes del otro plano como figuras fantasmagóricas. Por lo general mostrarán curiosidad aquellos elementales en mayor consonancia con el iniciado, ya que suelen atisbar parte de su personalidad. El elemental de mayor sabiduría o el que muestre mayor interés se acercará y tratará de orientarle respecto al camino que está a punto de tomar. Será algo muy relevante a la hora de ganar el beneplácito de los elementos cómo se comporte el iniciado y las respuestas que dé a sus preguntas, Este primer contacto es un evento muy personal y relevante para el chamán, ya que seguramente reciba su primera prueba.

Una vez que el iniciado se ha dejado ver por los elementales ya sabe lo que hay más allá empezará a meditar de forma más fructífera. Si lo hace bien empezará a percibir la huella de los elementos, y se irá haciendo cada vez más sensible a lo que los perturbe, algo a lo que añadir los beneficios mentales que supone la meditación. Cuando ellos meditan pueden pasar incluso días, pero los elementos les resguardarán del frío o el hambre.

Ahora bien, si la pregunta de cómo alguien llega a convertirse en chamán se refiere a cuándo alguien deja de ser un iniciado la respuesta es sencilla. Un chamán es todo aquel que ha logrado el favor de cada uno de los cuatro elementos, del mismo modo, un chamán oscuro es aquel que ha logrado doblegar a un elemental de cada tipo para que hagan valer su voluntad. Ese favor o sumisión está contenido en un tótem, un objeto bendecido con un don elemental.

¿Cómo se consiguen los dones elementales?

Los elementos, como ya sabrás, están en una pugna constante entre ellos, pero eso no quita que tengan una función que cumplir en el mundo y que, además, estén sujetos a amenazas externas. Un chamán que sea apto tiene no sólo la voluntad, sino también la capacidad de ayudar en mantener un equilibrio elemental y salvaguardar sus intereses. Los elementos no dan nunca su don a nadie que no entienda y manifieste su filosofía. El iniciado tardará, dependiendo de sus capacidades, meses e, incluso, años en ser un chamán de pleno derecho. Nunca hay una prueba estándar porque las situaciones a las que se ven sujetos los elementos cambian dependiendo de dónde te encuentres.

No es lo mismo buscar la aprobación de los elementos en un lugar donde nada les amenaza y donde tienen equilibrio de fuerzas. Los elementos necesitan comprobar que el chamán merece sus dones, algo que es imposible si no se pone a prueba. Los iniciados suelen por tanto viajar, normalmente en soledad, parando sólo para comer, dormir y meditar en busca de sabiduría y demostrar su valía.

Es importante saber qué es lo que consideran virtuoso los elementos:

  • Para la tierra es permanecer estoico, resistir en una postura, tomar decisiones desde la calma, ser coherente y fiel a unos determinados principios y aguardar al momento propicio para actuar.

  • Para el agua es tener la capacidad de adaptarse, tomar decisiones creativas, dar importancia a los aliados y guardar respeto por la vida.

  • Para el aire es la espontaneidad, atajar los problemas antes de que crezcan, defender la libertad de las criaturas y no permanecer en un sitio durante demasiado tiempo.

  • Para el fuego es la renovación, ser fiel a los impulsos y emociones y destruir aquello que se ha corrompido para que pueda renacer.

Cuando finalmente un elemento concede su don lo concentra en un objeto pequeño, que posteriormente se introducirá en un tótem. Aunque normalmente un tótem tiene motivos rituales y relacionados con la cultura del chamán puede tratarse de  cualquier  objeto, siempre y cuando éste sea fácilmente transportable, hueco y resistente. Si te preguntas por la clase de objeto que contiene un tótem puede ser un guijarro, agua de un manantial, ceniza de árboles enfermos, la pluma de un pájaro...

¿Qué pasa cuando un chamán pierde un tótem?

Si el tótem de un chamán se rompe éste pierde automáticamente su capacidad de canalizar o de convocar el don de ese elemento. El problema normalmente se soluciona rápidamente si el chamán es medianamente hábil en artesanía y da con un elemental razonable, pero no puede tomarse algo así a la ligera. Un tótem es un instrumento (casi) sagrado fruto del aprecio y la amistad de criaturas inmortales y poderosas a un mortal que ha decidido ayudarles. Confían que el chamán honre su parte del trato y proteja ese regalo celosamente, alguien que no sea capaz de cumplir eso no es digno, y no es sólo por una cuestión de honor o de principios: que los elementales se vinculen a un tótem les deja en una situación de desprotección voluntaria.

Si un mago, un brujo o un chaman oscuro consiguen un tótem les es tremendamente fácil vincular a un elemental a su control, privándolo de su voluntad. Si un elemental conserva el más mínimo atisbo de consciencia acabará poco a poco por enfurecerse hasta estallar, causando un verdadero desastre. Afortunadamente cualquier chamán puede sentir el dolor de un elemental cautivo, a menos que su captor sea excepcionalmente hábil ocultando sus gritos.
 
¿Existe un quinto elemento?

Entre comillas. Hay quienes consideran la magia de vida o natural, aquella que usan los druidas, como un quinto elemento. No hay ningún elemental de vida. Tampoco señor alguno que se alce como tal. Por último tampoco supone ningún poder contrapuesto a ningún otro elemento, por lo que no sería acertado considerarlo como tal. Ahora bien, esa magia influye en los elementos: cuanta más magia natural hay libre los elementos se encuentran en un estado más calmado. Por ejemplo, Draenor tenía una concentración inusualmente alta de esta energía, así que sus elementos eran bastante mansos.

En Azeroth la magia natural fluye por su propio plano, el Sueño Esmeralda,, y parte de esa energía va a parar al plano elemental. Los chamanes pueden usar esta energía también, pero de forma indirecta, ya que son los elementales los que tienen  que conseguirla y prestársela.  Normalmente los elementales se privan a sí mismos del sustento y la calma que les supone, por lo que no es algo baladí el negociar con ella. No obstante los elementos aprecian en gran medida a los chamanes y comparten con ellos sin que lo pidan un poco de magia natural influida por su propio elemento. Un chamán más unido a la tierra será más resistente mientras que si, por ejemplo, lo estuviera al agua tendría más facilidad a la hora de regenerar sus heridas.

¿A qué le temen los elementos?

Como ya sabrás los chamanes cuentan con el apoyo de losa elementos por algo muy sencillo: no están involucradosa activamente en sus luchas. Esto hace que los elementosa recurran a ellos para solucionar los problemas que puedan surgir en el plano mortal. Por ejemplo evitar que alguien tome por la fuerza sus dones. Ademása los elementales comparten con los chamanes sus propias debilidades para que éstos últimos puedan reconducirlos a su plano si su esencia se ha corrompido por la magia o la rabia. Una de estas debilidades es la sombra. Los elementos ya fueron sometidos a los Dioses Oscuros con el vacío como correa, y aún siguen siendo vulnerables a este tipo de conjuros.
Los chamanes pueden hacer mucho daño si así lo quisieran, que no lo hagan significa que los elementos tienen muy buen ojo a la hora de escoger a sus aliados. Por desgracia eso no es siempre así. Algunos chamanes tentados por el poder, o personas que por alguna razón conocen las debilidades de los elementos deciden usarlos para su propio bien (o el de sus maestros, si sirven a los Dioses Oscuros). Un chamán oscuro es todo aquel que sepa cómo vincular a los elementos a tótems.

Canalizan la magia elemental como lo haría un chamán, sólo que no piden permiso y no les importa corromper en el proceso a sus marionetas. Hay infinidad de elementales, y si en algún momento alguno va a estallar, que sea cerca de sus enemigos. Los chamanes oscuros usan magia del vacío, proveniente del Vacío Abisal (un plano que conecta todos los mundos que existen) y de los Dioses Oscuros. No les es muy complicado someter a un elemental si son relativamente hábiles, pero están continuamente en peligro. El resto de elementales detectan el dolor de su compañero, por lo que los chamanes honrados pueden olerlos a leguas. Además al usar grilletes de magia oscura cualquier siervo de la Luz o de Elune verá algo raro en ellos dependiendo de su grado de entendimiento de su filosofía religiosa. No obstante los elementos también pueden ser capturados por magos y brujos, pero éstos necesitarán algo más de trabajo. En primer lugar deberán tener algún medio para percibir el mundo elemental o, al menos, conocer algún hechizo de conjuración que convoque un elemental. En segundo deben trazar una serie de encantamientos o glifos en unos grilletes de control, para después usar ese hechizo con ellos. La magia arcana hace que el hechizo sea más estable, relativamente respetuoso con el elemental*, mientras que la vil enfurece y hace más poderoso al elemental hasta que acaba por descontrolarse. No es habitual que éstos usen estas tácticas, pero tampoco es demasiado raro.

Ahora bien, la respuesta más acertada a qué temen los elementos sería, naturalmente, a los propios Dioses Antiguos. Estas criaturas de pesadilla antaño controlaron a los elementos, que incluso trabajando juntos no pudieron vencerlos.
 
¿Qué relación tienen los chamanes con los espíritus?

El supuesto quinto elemento, el de vida, está ligado al plano druídico, el Sueño Esmeralda. Este plano acoge también el espíritu de todas las criaturas animales y vegetales hasta que renacen. Existe un plano contrario, las Tierras de la Sombra o mundo de los espíritus, donde van el resto de criaturas al morir. Este laberíntico plano es una copia gris y desfigurada del mundo material, sostenida por la sombra y por el que las almas vagan sin rumbo.

Los elementos se nutren de la propia energía vital del mundo, y durante mucho tiempo fueron esclavos de los Dioses Oscuros, y su magia sombría. Es decir, siguen vinculados. Los chamanes, una vez han alcanzado una comunión con los cuatro elementos reales, son capaces de beneficiarse de esta conexión que tienen sus aliados para comulgar también con los espíritus. Esto hace que los chamanes sean la columna vertebral de muchas de las razas de Azeroth, ya que son ellos quienes se encargan de facilitar el renacimiento y liberar de sus cadenas a los difuntos. Una comunidad que cuenta con chamanes está en continuo contacto con su pasado y sus tradiciones, que no morirán mientras los muertos recuerden y los chamanes hablen. Gracias a este tipo de introspecciones los chamanes tienen acceso a los dos planos aparte del elemental, los espíritus animales del Sueño Esmeralda y las almas conscientes del mundo espiritual.

Esta capacidad hace que los chamanes puedan comulgar con espíritus animales del Sueño y recorrer grandes distancias a través de los planos e incluso algunos han podido devolver su propia alma a su cuerpo, aunque a un coste importante de su poder.